Supongamos que te decidís a hacerlo. Porque sí, porque quizás no haya tanto que perder. Porque es verdad que hoy ya es mañana y mañana será ayer, aunque la frase haya perdido su prestigio entre ajados libros de autoayuda. Porque no hay nada en la tele y tus amigos no responden tus llamados; porque justo se les ocurre pasar esa canción en la radio o el día es más que fresco para salir a caminar. O acaso porque un dolor cercano te ha azotado con la novedad de que la vida podría escurrírsete en las siguientes veinticuatro horas. Es un viernes. O mejor un domingo, de esos en que el reloj pierde su razón de ser con cada hora que se alarga hasta el absurdo y al mismo tiempo es tarde para casi todo.
Supongamos que estás frente al teclado y no se ve tan terrible. Las teclas negras esperan, inofensivas, tal vez un poco ingenuas. Difícil creer que al presionarlas el mundo estallará en pedazos. La gente lo hace todo el tiempo: en el chat alienado e inconsistente, en el tráfico imparable de compra y venta de productos online, en las oficinas y los bancos al cargar millones de datos vacíos y números inútiles u obscenos. En el instante desvalido en que un hombre o una mujer juegan a la ilusión efímera de registrar sus nombres en un sitio de solos y solas; en la desesperación del periodista que apura su artículo mientras la editorial tira de la soga que ha atado a su cuello.
Supongamos que te atrevés, por una vez, a creer. Que el corazón palpita con fuerza pero eso no se siente tan mal y vas a abrir la puerta prohibida o a saltar al vacío o a quitarte la camisa y finalmente la máscara. Aunque tengas la certeza implacable de que sus ojos, los de ella, ya han visto mucho más allá de tus escudos oxidados. Supongamos que nadie está mirando, que ya has escrito las tres letras de su nombre sobre el blanco. Y aunque todavía dudes de vos mismo, de este día y de este impulso que te arrastra con los ojos vendados, estás a un suspiro de cruzar esa frontera con un aleteo breve de tus manos.
Diana H.

10 huellas:
excelente. Atreverse hoy porque mañana quizás sea demasiado tarde.
no vivir como si fuésemos eternos es la consigna.
Ayyy... qué atrevimiento y que alegría atemorizada cuando por fin lo haces...
Hermoso texto!!
Un abrazo
Diana has descrito con magnificencia (hasta hacernosla vivir) la duda que nos atrapa y en donde tanto gozamos con la expectativa o sufrimos el más cruel de los temores.
Un gran abrazo, ojalá todo te vaya estupendo.
Hola!
Hay alguna forma en que pueda comunicarme contigo de una manera más... personal? Lo agradecería mucho, de verdad.
Saludos...
Quitarse la máscara y ser, ir al encuentro del deseo o del imposible, pero ser.
Querida Diana, la belleza de un poema o de un relato (¿cuál es la diferencia?) está en su capacidad de sugestión, de misterio, de significación más allá del horizonte de lo explícito, y este poema (relato) tuyo es muy sugerente.
Te "hemos" leído y coincidimos con AT en la belleza del texto. La sugerencia de tus palabras hace que uno se detenga con más placer a leerte. A descubrirte.
Un beso enorme para tres-
Y porqué no. Supongamos.
Doy enter, (ya nada será como antes)
Besos de enredarme en tus letras.
Supongamos que algún día consigo escribir como tú.
Sonrío.
Soy de los que aún leen "teclado" e instintivamente piensan en "piano". Tocando, quien sepa hacerlo -y yo los envidio no saben cuánto-, uno o una no establecerá más contactos que con su yo más íntimo, que tampoco está mal.
Por lo demás, sigo dejándome llevar por el swing de tu prosa, tan ágil y llena de matices y sorpresas. Un abrazo.
Creer es crear, deamosle al enter ya, pero ya!!
Un abrazo Diana y gracias por las palabras lindas.
Publicar un comentario en la entrada