14 agosto, 2011

Mi hábitat


Si no tuviera esta fuerte tendencia a la abstracción o a la huida o esta capacidad de supervivencia que me acompaña desde que recuerdo, quizá habitaría con más frecuencia las calles de la ciudad, las multitudes y las reuniones. Me acercaría más a la gente, les diría lo que esperan oír, reiría de las bromas fáciles y no me perdería los noticieros. Me uniría a la inutilidad de las quejas permanentes sobre todo lo que afecta los intereses personales de cada uno con el mismo discurso pretencioso, absurdo y moralista. Escucharía ese ritmo monótono que imponen desde los parlantes de sus autos con todo el volumen de una invasión. Compraría más ropa a la moda, estaría averiguando qué auto más nuevo me conviene adquirir dentro mis opciones o cuál es el celular más moderno o cómo mejorar mi revés al tenis. Hoy, domingo, por ejemplo, llamaría a mis amistades para organizar un asado en el club al mediodía o quizá todavía estaría durmiendo con la resaca de lo bebido y las comidas copiosas y las cumbias estridentes de la fiesta de anoche.

Pero es que nací para estar más cerca de la paz de mi rincón, de mi mate y mis lecturas que de todo aquello. Prefiero las tardes en mi bici junto al río, las largas charlas íntimas con un ser querido, la complicidad de nuestra risa. Las librerías y las promesas que deja en el aire el perfume de los libros nuevos. La paz reveladora de las playas, lagos y sierras poco habitados y ese aire impregnado de mensajes secretos que colma las bibliotecas. Me pueden las caminatas por ciudades lejanas en tiempo y espacio, las tristezas, las impotencias y los amores de sus gentes. Las fábulas breves y milenarias, las inmensas historias pequeñas que brillan desde el fondo de una vida anónima. El ritmo lento del teclado cuando escribo una ocurrencia o una confesión; la lágrima que instala en mi garganta la poesía. Los laberintos de las frases en que navego a la deriva, la variedad de efectos que provocan las combinaciones de palabras que leo y releo con ritmo de canción. Las sonrisas y gestos que me generan las reflexiones íntimas y certeras y también las reverberaciones que ellas dejan a mi alrededor. La voz de otro cuando parece venir directamente de mi interior. Los choques y armonías de sílabas, tonos y significados; las sutilezas de las imágenes y su poder cuando ganan terreno sobre mi espíritu y mi piel al mismo tiempo. La utopía del recorrido que me transporta muy lejos, hasta ese sitio donde estás ahora. Qué le voy a hacer.

DIANA H.

Imagen: The Loveliest Garden You Ever Saw, Abelardo Morell.


15 huellas:

Francisco Machuca dijo...

Te leo siempre aunque no deje una mancha de mis palabras en tus bellos textos.Somos almas gemelas,sobre todo en este texto.
Besos y un fuerte abrazo,amiga.

Laura Uve dijo...

Diana, que preciosidad de texto. Me siento bastante identificada con tus sensaciones, me pasa algo parecido. Gracias por expresarlo tan bien.

Un abrazo!!

Horacio dijo...

¿Qué vas a hacer? Seguir escribiendo para maravillarse con la palabra o rabiar un poco si las musas están sin ánimo. Bello text. De las quejas permanentes que se ocupen los otros.

Beso grande

O SuSo dijo...

Te imaginaba así, incluso antes de leer este texto. Si eres feliz con esas pequeñas cosas, vivelas, es genial...pero mujer yo no dejaría de bailar unas cumbias, quisombas, dances, rockanroles o lo que fuera, con seres especiales, porque la primera expresión artística que el ser humano tuvo en la noche de los tiempos pienso que fue el baile.

Un saludo y a bailar (aunque sea un tango bolleneche en privado)

Dante Bertini dijo...

una opción que no te hará famosa de televisión pero quizás te de la felicidad próxima, cotidiana, la que podemos disfrutar sin necesidad de ruido.
Un abrazo
Preciosa confesión

Carlos dijo...

Ahh, no sabes lo que te pierdes, nada como el barullo de cada día. :)

Hazme un lugarcito en tu biblioteca.

Un beso.

Raúl dijo...

Yo, si puedo opinar, te prefiero tal y como dices que eres.

Beatriz dijo...

Querida Diana,
Bien sabes, por nuestras confesiones virtuales que coincidimos. Estoy sentada en una roca a la orilla del mar, leyendo "El arpa de la hierba" de Truman Capote... el sol acaba de asomar en el horizonte, el cielo lo anuncia con su manto rojizo( me encanta madrugar y sorprenderme con el silencio y ese pentagrama de notas que van anunciando suavemente un nuevo día y ...mientras mi bicicleta descansa en la arena, creo que agradeciéndo que mi soledad le haga compañía.
El texto tuyo lo leí ayer y hoy no pude evitar ir hasta el pueblo (que es desde donde de vez en cuando accedo a mi blog) y decirte lo que siento.Es una hermosa coincidencia el haberte encontrado virtualmente. Seguiremos con nuestros "encuentros" en cuando regrese.

Un abrazo amiga-

Tania Alegria dijo...

Yo podría haber escrito ese texto -aunque no con la maestría con que lo escribiste- porque parece que habla de mí. Fue una extraña sensación la que me acompañó durante su lectura: parecía que me estaba mirando en un espejo.
Además de identificarme con el contenido, me curvo en una venia ante la elegancia de la forma.
Sigo leyendo, todo abajo y a derecho.
Desde Lisboa, un saludo cordial y un abrazo afectuoso.

Juan Herrezuelo dijo...

Qué voy a decir: es como leerme en un espejo. Pero ellos son tantos, y nuestro hábitat, a veces, parece tan frágil…
Te lo diré sin más adornos: eres una excelente escritora, Diana.
Un saludo cómplice.

FJavier dijo...

Pues estoy seguro que también te gustaría sumergirte en la ingravidez y el silencio de un paseo por la profundidad del azul, en compañía de otros enamorados de la belleza y la aventura. Anímate, te espero.
Un afectuoso abrazo.

El Drac dijo...

Pues a mí me encanta acompañarte por tus paseos literarios, me siento como en casa. Un gran abrazo

conchahuerta dijo...

Vaya que sorpresa encontrarme un alma gemela. Llego a tus letras desde un blog amigo y me has sorprendido con esta entrada que bien pudiera haber escrito yo aunque no se si con tan buenas maneras. Un saludo desde Cascais, la villa portuguesa donde veraneo. Te sigo

Carlos dijo...

Te has quedado detenida en tu habitat. :)

Rochitas dijo...

celebremos estar tan ciertos entre ese segundo grupo de personas.

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