
El destino de cada viaje se esconde en su silueta de esqueleto.
Fin de la pesca, salvación temporaria de unos cuántos. Cáscara desnuda de voces, reflejo de soles con ecos de caracol; canto mudo de noches sin velas, sin remos, sin timón. Siesta despojada de partidas y arribos. Fantasma en las tormentas de travesías que no serán.
Inmerso en sales de olvido, yace ahogado entre millares de gotas que se han confabulado para ser masa asesina; para enterrar travesías y tronchar huídas. Para corroer maderos inútiles como mandíbulas de tiburón enjauladas. El sol resalta su fin y sin embargo nada ha cambiado en la superficie.
Aquí los mismos llantos, las mismas caricias, las mismas bocas hambrientas que esperan. Los mismos hombres y mujeres buscándose en sus soledades; huyendo de lo que encuentran. Abrazando pompas de jabón, regando campos estériles como rocas milenarias. Arropándose en la oscuridad, matando sin saber por qué; engañando por dinero y ocultando por amor. Despedazándose; enamorándose. Encendiendo estrellas entre plagas y miserias; intoxicando azules y verdes. Silbando melodías en medio del desgarro; invadiendo sin entender, desorientados entre besos y escoria. Reverenciando el milagro ocasional de unos ojos inocentes y del encuentro fortuito; de la risa y de la magia de las coincidencias. Deseando ingenuamente que los niños no crezcan mientras los ayudamos a sostenerse con dignidad ante los monstruos que les esperan, con todas las fuerzas de nuestros deseos y escasos de herramientas para semejante empresa. Buscando rendijas por donde asomarnos al mundo cada día y volver a sonreír. Y tratando de convencer a alguien de que no deje de hacerlo. Llorando con alguien a veces, para apaciguar al menos la asfixia del desamparo.
Otra tarde transparente caerá mansa sobre el agua. Cerrará una oportunidad más de mirarte en su reflejo, de vernos, de sentirnos; de zambullirnos sin más. Y nadar hacia nuevas costas siempre vírgenes sin importarnos que ya no existan.
Porque es mentira que haya algo más; quién podría creerlo ante este despojo. Éste, que desde sus ojos de muerte húmeda no logra desprenderse de su belleza.
Diana H.
Foto: "La muerte" de la artista montenegrina Izabela Matos, amiga queridísima. Gracias Iza!
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